
Me toma de las caderas y me sienta sobre el, mientras la música suave resuena en los oídos; la habitación está obscura y el aire cargado de humo, los cigarrillos y los sahumerios mezclados.
Todo es como agua arremolinándose sobre el hielo y el hielo está azul con la bruma que se alza, glaciares hundidos en verde esmeralda, gamuza y antílope, meros dorados, morsas retozando sobre el círculo ártico… Estoy sentada en sus rodillas. Sus ojos son como ombligos diminutos.
Miro su enorme boca, tan húmeda y brillante, y la cubro con la mía. Me acerca a su sexo, caliente y cargado, erecto y enorme. Me levanta y sin mas me deja caer bruscamente clavando toda su virilidad en mi ser.
Aullidos de placer llenan el espacio.
Movimientos rítmicos, llevamos al unísono.
Un orgasmo compartido nos alcanza.
Y llega el silencio y la paz…

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