
En el silencio de la habitación sólo se oía el deslizamiento de tus pies por el suelo de madera. Sabías llegar hasta mí en la oscuridad, el olor de mi cuerpo ardiente te guiaba. No desperté con tu presencia. Al igual que yo, estabas desnudo. Tu pene era una lanza ardiente y dura avanzada hacia mi boca.
Cuando llegaste al borde de la cama, te inclinaste hacia mi cara. Tu lengua humedeció mis labios, los entreabrí y dejaste en ellos un poco de mi saliva. Mi lengua degusto tu sabor y en ese momento tu glande toco mi boca.
Tome tu pene con las manos, y te moviste para ponerte encima mío con las piernas abiertas y colocadas a cada al costado mío. Comencé a dar tiernos besos y con la lengua, jugaba con tu punta y recibí la primera gota de líquido seminal. Fui metiendo tu polla poco a poco, succionando y a apretando con los labios.
Empecé el movimiento rítmico de meter y sacar, produciendo chasquidos húmedos y calientes, mientras vos gemías con deleite. Me tomaste por la nuca para seguir el ritmo que te gustaba.
De repente pare de mamar y comencé a humedecer más el pene con saliva. Lamí debajo, junto al escroto y con mucha suavidad, lo recorría de abajo a arriba. Me detuve con mucho placer donde se separa al glande del resto de tu pene.
Tu glande, que estaba hinchado y rojo como nunca, lamí y chupe salvajemente con mis labios. Tome con una mano tus huevos y los acaricie. Pase a chuparlos, mientras con la otra mano te masturbaba con firmeza apretando fuertemente tu polla.
Lleve tu polla a mi boca, sabiendo morías, ahora las sensaciones eran más fuertes. Inicie los movimientos de una penetración. Moviendo mi cuello hacía que tu pene entrara y saliera de mi boca, lo apretaba con los labios y con la mano hacía que el glande estuviera al descubierto para sentir mejor en mi lengua su hinchazón, su suavidad y su ardor.
Chupe con mucho delirio, no podías contenerte más, un gran chorro de leche caliente se derramó en mi boca, seguí chupando y mi lengua atrapaba todo el líquido. Cuando sentí que tu pene estaba perdiendo su erección, lo recorrí de forma muy lenta con mi ardiente y húmeda lengua. Lo bese y lo deje descansar.En ningún momento abrí los ojos. Te quitaste de encima tendiéndome junto a mi, solo oí la plácida respiración de tu sueño. No supe si fue un sueño, pero en mi boca quedaba todavía sabor a ti, y sentí el deseo irrefrenable de que se vuelva a repetir. Despiértate porque me debes un gran orgasmo.
Cuando llegaste al borde de la cama, te inclinaste hacia mi cara. Tu lengua humedeció mis labios, los entreabrí y dejaste en ellos un poco de mi saliva. Mi lengua degusto tu sabor y en ese momento tu glande toco mi boca.
Tome tu pene con las manos, y te moviste para ponerte encima mío con las piernas abiertas y colocadas a cada al costado mío. Comencé a dar tiernos besos y con la lengua, jugaba con tu punta y recibí la primera gota de líquido seminal. Fui metiendo tu polla poco a poco, succionando y a apretando con los labios.
Empecé el movimiento rítmico de meter y sacar, produciendo chasquidos húmedos y calientes, mientras vos gemías con deleite. Me tomaste por la nuca para seguir el ritmo que te gustaba.
De repente pare de mamar y comencé a humedecer más el pene con saliva. Lamí debajo, junto al escroto y con mucha suavidad, lo recorría de abajo a arriba. Me detuve con mucho placer donde se separa al glande del resto de tu pene.
Tu glande, que estaba hinchado y rojo como nunca, lamí y chupe salvajemente con mis labios. Tome con una mano tus huevos y los acaricie. Pase a chuparlos, mientras con la otra mano te masturbaba con firmeza apretando fuertemente tu polla.
Lleve tu polla a mi boca, sabiendo morías, ahora las sensaciones eran más fuertes. Inicie los movimientos de una penetración. Moviendo mi cuello hacía que tu pene entrara y saliera de mi boca, lo apretaba con los labios y con la mano hacía que el glande estuviera al descubierto para sentir mejor en mi lengua su hinchazón, su suavidad y su ardor.
Chupe con mucho delirio, no podías contenerte más, un gran chorro de leche caliente se derramó en mi boca, seguí chupando y mi lengua atrapaba todo el líquido. Cuando sentí que tu pene estaba perdiendo su erección, lo recorrí de forma muy lenta con mi ardiente y húmeda lengua. Lo bese y lo deje descansar.En ningún momento abrí los ojos. Te quitaste de encima tendiéndome junto a mi, solo oí la plácida respiración de tu sueño. No supe si fue un sueño, pero en mi boca quedaba todavía sabor a ti, y sentí el deseo irrefrenable de que se vuelva a repetir. Despiértate porque me debes un gran orgasmo.

Sensual e incitante. Lástima que hayas publicado tan poco...
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